UNA TRAGEDIA MEXICANA

ENTRE TEPOZTLÁN Y MONTERREY

El 31 de diciembre de 1993 fue uno de los más felices para LUIS DONALDO COLOSIO y su esposa DIANA LAURA. Ella se encontraba físicamente con ánimos de celebrar el AÑO NUEVO en compañía de un reducido grupo de amigos, en la casa de descanso de TEPOZTLÁN, totalmente incomunicados del resto del mundo. Eran los días previos al arranque de una campaña presidencial que se adivinaba agotadora, razón por la cual deseaban aprovechar al máximo sus últimos momentos de intimidad.

En punto de las doce de la noche, el matrimonio COLOSIO-RIOJAS y NIKITA KYRIAKIS, FRANCISCO SÁNCHEZ, FERNANDO CANTÚ y sus respectivas esposas, levantaron las copas para brindar por un año que, vaticinaron, traería días mejores.

1993 terminaba para los COLOSIO con dos noticias excelentes y una muy preocupante. Las dos primeras, el nacimiento de la pequeña MARIANA, en febrero, y el ‘destape’ de LUIS DONALDO como el candidato presidencial del PRI, en noviembre. La mala, el avance del CÁNCER DE PÁNCREAS de DIANA LAURA, pese a los desesperados esfuerzos médicos por evitarlo. Por esta razón, DIANA LAURA cenó únicamente ensalada y brindó con agua en su copa.

Se fueron a dormir muy tarde, muy alegres, por lo que el 1 de enero se levantaron cerca del mediodía. Ni en la noche ni en la mañana encendieron la televisión o radio, de modo que solo hasta su regreso al DISTRITO FEDERAL, a la una de la tarde, se enteraron del levantamiento armado del EJÉRCITO ZAPATISTA en CHIAPAS. Aquél acontecimiento, vendría a cambiar diametralmente el panorama político nacional.

El canciller MANUEL CAMACHO SOLÍS, informado hasta el más mínimo detalle desde la madrugada por su ex suegro, el ex gobernador de CHIAPAS, MANUEL VELASCO SUÁREZ, se comunicó telefónicamente con el presidente CARLOS SALINAS DE GORTARI desde CANCÚN, donde pasaba las fiestas de FIN DE AÑO, y ambos acordaron reunirse unas horas más tarde para darle una salida política al conflicto que ya había registrado varias muertes y ensombrecía el inicio del TRATADO DE LIBRE COMERCIO DE AMÉRICA DEL NORTE. Todo, al margen de LUIS DONALDO.

Los siguientes 12 meses transcurrieron con una rapidez sorprendente, ante una cascada de sucesos difícil de igualar: MANUEL CAMACHO cobraría un protagonismo inusual, incluso sobre el mismo COLOSIO, al ser nombrado por el presidente como COMISIONADO PARA LA PAZ EN CHIAPAS. A tal grado, que se llegó a hablar incluso de una sustitución del candidato presidencial del PRI. “No se hagan bolas”, tuvo que decir CARLOS SALINAS en febrero para acallar los rumores. Pero estos se volvieron a escuchar después del famoso discurso que COLOSIO pronunció el 6 de marzo en el monumento a la REVOLUCIÓN, en el que denunció ver “un MÉXICO con hambre y sed de justicia. De gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley, quienes debían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por el abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales". Era, supondrían muchos, su ruptura con el salinismo. Y, también, su sentencia de muerte.

El siguiente 31 de diciembre en MONTERREY, en la casa de su tía HILDA ELISA RIOJAS, los pequeños LUIS DONALDO y MARIANA COLOSIO RIOJAS, de siete y un año y diez meses, respectivamente, entre lágrimas y recuerdos celebraban el fin del peor año de sus vidas. Sus dos padres les habían sido arrebatados ese trágico 1994. LUIS DONALDO, con apenas 44 años, fue asesinado el 23 de marzo en LOMAS TAURINAS, BAJA CALIFORNIA. Y DIANA LAURA, de 34 años, murió debido al CÁNCER DE PÁNCREAS, el 18 de noviembre.

Entre el brindis de TEPOZTLÁN y el tímido festejo en MONTERREY, en tan solo 12 meses, la historia había torcido su rumbo…

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David Estrada

Es licenciado en Mercadotecnia, periodista, historiador, productor, locutor y conductor de radio y televisión en Querétaro con 31 años de experiencia. Ha publicado ocho libros de corte histórico, entre los que destacan: “Querétaro en la memoria de sus gobernantes 1939/1985” y “Querétaro Inédito (volumen I, II y III)”.
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