GUSTAVO DÍAZ ORDAZ Y 'LA TIGRESA'

SERENATA Y CACHETADA EN LOS PINOS

Por David Estrada

En 1969 llevaban cinco años de relación el presidente GUSTAVO DÍAZ ORDAZ y la actriz IRMA SERRANO, cuando sobrevino el veto. Enterada del romance, la primera dama, GUADALUPE BORJA, recurrió al entonces director del Banco Cinematográfico, EMILIO O. RABASA, para solicitarle ‘enlatar’ cuatro películas que estaban por estrenarse, cancelar un contrato a punto de concretarse y, de paso, ‘congelar’ la difusión de los discos de la ‘LA TIGRESA’ en tiendas y radiodifusoras. IRMA entró en cólera. Apenas enterada de este rosario de casualidades, habló con su amante para exigirle que no la molestaran en su trabajo. El mandatario, celoso de su deber, se negó a intervenir para no dañar la imagen presidencial. Y entonces sobrevino la ruptura. Justo año y medio antes de terminar el sexenio.

Adolorida en su dignidad femenina, LA SERRANO ideó una venganza. Se mandó confeccionar un vestido folclórico “con más luces que un traje de torero, con más cintas que una piñata y con más olanes que el de una quinceañera presumida”, según descripción de ella misma, alquiló un mariachi y la mañana del 4 de abril enfiló con dirección a la residencia oficial de LOS PINOS. Acompañada de los músicos llegó a la puerta principal y, con gran seguridad, se anunció ante los sorprendidos guardias: “Estoy contratada para dar una serenata a la señora en este día de su cumpleaños”, les dijo. Una vez adentro, tratando de adivinar el camino, se dirigió a la casa más grande y se apostó debajo de lo que supuso era la ventana del matrimonio DÍAZ ORDAZ-BORJA.

A pesar de la hora, varios funcionarios y sus esposas se encontraban llegando a la casona, presumiblemente para brindar los mejores deseos a la primera dama en su día. Sorprendidos, algunos de ellos se detuvieron al ver la espectacular llegada del conjunto artístico. Sin tiempo a reaccionar, IRMA dio la orden de iniciar y, con esa voz aguardientosa que la caracteriza, comenzó a ‘cantar’ un corrido titulado “POR ANDAR CON UN CASADO”.

En pocos segundos, por toda la casa presidencial se empezó a escuchar la descarada interpretación: “Yo trataba con un casado pero ya se me acabó, su mujer lo había celado con todas, conmigo no. Más después de tanto y tanto, su mujer lo comprendió, a él le dio cinco balazos, a mí, de milagro no. Mis amigas preguntaban: ‘Irmita, ¿pues qué pasó? Pues que cuando yo lo amaba, la gorda nos sorprendió. Yo trataba a un casado, por ser el mejor querer, pero con lo que ha pasado, pues ya no lo vuelvo a hacer”.

Apenas terminó la canción, de entre los presentes apareció el presidente DÍAZ ORDAZ. Con una gran sonrisa, tratando de disimular su molestia, se dirigió a la actriz extendiéndole la mano. “Muchas gracias, señora”, le dijo. ‘LA TIGRESA’, por respuesta, le dio una bofetada que volaron los lentes por los aires. Los mariachis callaron y en el ambiente se escucharon los rifles y las metralletas del ESTADO MAYOR, listas para ser usadas. Sin perder la compostura, el mandatario se limitó a hacer una seña para que los soldados bajaran sus armas y se retiraran del lugar.

Revive la SERRANO en su autobiografía “A CALZÓN AMARRADO”, publicado en 1983: “Alcé la cabeza como pavo real, me di la media vuelta y me dirigí a la salida seguida por los mariachis que querían refugiarse bajo mis falditas. Mi dignidad de princesa sólo era traicionada por la temblorina incontrolable de mis rodillas”.

Aquella fue la última vez que se vieron frente a frente los antiguos amantes. Y el incidente, en voz baja pero con gran intensidad, circuló por años en los corrillos políticos como si se tratara de una leyenda urbana. Una leyenda urbana que, sin embargo, fue la más pura realidad…

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David Estrada

Es licenciado en Mercadotecnia, periodista, historiador, productor, locutor y conductor de radio y televisión en Querétaro con 31 años de experiencia. Ha publicado ocho libros de corte histórico, entre los que destacan: “Querétaro en la memoria de sus gobernantes 1939/1985” y “Querétaro Inédito (volumen I, II y III)”.
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