11-S: CRÓNICA DE UN DÍA DIFÍCIL

Por David Estrada

El 11 de septiembre de 2001, el presidente GEORGE W. BUSH (1946) se despierta antes del amanecer en su suite del CENTRO COLONY, cerca de SARASOTA, FLORIDA. Empieza la mañana leyendo la BIBLIA y luego se va a correr, todavía con la oscuridad de la madrugada. Las gotas del rocío cubren su rostro. “¡Qué bello amanecer!”, piensa. Se ducha, desayuna ligero y parte a cumplir con su primer compromiso del día: una visita a la escuela primaria “EMMA E. BOOKER”, para hablar sobre LA REFORMA EDUCATIVA. Es el inicio de una jornada histórica. Las primeras horas de un día difícil...

En el breve camino al centro escolar, KARL ROVE (1950), el principal estratega político del presidente, le menciona que un avión se ha estrellado contra las TORRES GEMELAS de NUEVA YORK. “Me pareció extraño. Supuse que se trataba de alguna avioneta que, por desgracia, se había extraviado”, revelaría posteriormente el mismo BUSH.

Ya en la escuela, en un improvisado ‘centro de comunicaciones’ para el personal de la CASA BLANCA, el presidente recibe una llamada de su asistente en asuntos de SEGURIDAD NACIONAL, CONDOLEZZA RICE (1954), para informarle que el avión que acaba de impactarse contra una de los torres del WORLD TRADE CENTER no es un avión ligero. “Es un avión comercial de pasajeros”, señala la funcionaria. Atónito, BUSH trata de encontrar una explicación: “Ese avión debe de haber tenido el peor piloto del mundo. ¿Cómo es posible que haya volado contra un rascacielos en un día claro? Quizás el piloto sufrió un infarto”. Acto seguido, saluda a la directora del colegio, GWEN RIGELL, quien a su vez le presenta a la profesora SANDRA KAY DANIELS y a su clase, llena de alumnos de segundo curso.

DANIELS inicia el encuentro con un ejercicio de lectura. Transcurridos unos minutos, les dice a los estudiantes que tomen sus libros de texto. Entonces BUSH siente una presencia detrás de él. Tratando de ser discreto, el JEFE DEL GABINETE, ANDY CARD (1947), le susurra al oído: “Un segundo avión se ha estrellado contra la segunda torre… ESTADOS UNIDOS está siendo objeto de un ataque”.

En sus memorias, GEORGE W. BUSH escribe detalladamente sobre aquellos momentos: “Mi primera reacción fue de indignación. Alguien se había atrevido a atacar ESTADOS UNIDOS. Iban a pagarlo. Entonces observé las caras de los niños que tenía delante. Pensé en el contraste entre la brutalidad de los atacantes y la inocencia de esos niños. Pronto, millones como ellos estarían contando conmigo para que les protegiese. Estaba decidido a no defraudarles”.

Ensimismado en sus pensamientos, el mandatario mira de reojo a los periodistas que se encuentran en el fondo del salón, consultando con desesperación sus teléfonos celulares. “Mi instinto se despertó –continúa BUSH. Sabía que mi reacción sería grabada y transmitida por todo el mundo. El país estaría en estado de choque; el presidente no podía estarlo. Si salía de pronto a toda prisa, asustaría a los niños y una oleada de pánico se propagaría por todo el país. La lección de lectura continuó, pero mi mente se alejó rápidamente de la clase. ¿Quién podía haber hecho esto? ¿Hasta qué punto eran graves los daños? ¿Qué tenía que hacer el Gobierno?”.

Siete minutos después de que recibiera el aviso de ANDY CARD, BUSH abandona el salón y se dirige a una pequeña sala anexa, donde alguien ha llevado un televisor. BUSH, horrorizado, ve la retransmisión en cámara lenta del segundo avión chocando contra la TORRE SUR. La enorme ola de fuego y la explosión de humo son peores de lo que había imaginado.

Enseguida, consciente de que debía aparecer lo antes posible en televisión, BUSH comienza a garabatear a mano su declaración en la que asegura a los ciudadanos estadounidenses que el gobierno responderá y se llevará a los culpables ante la justicia.

Camino al aeropuerto, transitando la carretera 41, el teléfono presidencial vuelve a sonar. CONDOLEZZA RICE le dice a BUSH que un tercer avión se ha impactado ahora contra el PENTÁGONO. BUSH recuerda: “Me recosté en el asiento, asimilando sus palabras. Mis pensamientos se aclararon. El primer avión podía haber sido un accidente. El segundo era claramente un ataque. El tercero era una declaración de guerra”.

Ya en el interior del AIR FORCE ONE, el mandatario se comunica con el vicepresidente DICK CHENEY (1941), resguardado por el SERVICIO SECRETO en el CENTRO PRESIDENCIAL DE OPERACIONES DE EMERGENCIA (PEOC).  Le informa que tomará control de la situación desde el aire, mientras que él supervisará en tierra que todo se realice conforme lo planeado. “Presidente –interrumpe CHENEY. Un cuarto avión se ha estrellado en PENSILVANIA, cerca de CAMPO DAVID”. Por unos segundos Bush titubeó: “¿Lo hemos derribado nosotros o se ha estrellado?”, pregunta horrorizado. Nadie lo sabe.

Durante varias horas, la idea de una equivocación se agolpó en la cabeza del primer mandatario norteamericano. Finalmente, a las 15:07, el avión presidencial aterriza en la base aérea de OFFUTT, en NEBRASKA.

A las 20:30 horas, desde el DESPACHO OVAL en la CASA BLANCA, GEORGE W. BUSH se dirige a la nación y se compromete de “encontrar a los responsables y llevarlos ante la justicia”. Es la noche de un día difícil… 

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David Estrada

Es licenciado en Mercadotecnia, periodista, historiador, productor, locutor y conductor de radio y televisión en Querétaro con 31 años de experiencia. Ha publicado ocho libros de corte histórico, entre los que destacan: “Querétaro en la memoria de sus gobernantes 1939/1985” y “Querétaro Inédito (volumen I, II y III)”.
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