AMY WINEHOUSE Y EL CLUB DE LOS 27

Por David Estrada

La cantante británica AMY WINEHOUSE murió el sábado 23 de julio del 2011 en su departamento en CANDEM SQUARE, en el norte de LONDRES. Sus admiradores, escépticos ante un anuncio que ya parecía rutinario, solo dieron por cierta la noticia hasta que un portavoz de la policía aportó más datos: a las 3:54 de la tarde el servicio de ambulancias recibió una llamada urgente del domicilio de la artista. Cuando llegaron, ya nada se pudo hacer para reanimarla. LA DIOSA DEL SOUL BRITÁNICO había muerto a unas semanas de terminar su enésimo tratamiento por su irremediable adicción al alcohol y las drogas. Tenía 27 años. La edad maldita. La misma edad en la que murieron, en circunstancias igualmente trágicas, JIM MORRISON, JANIS JOPLIN, BRIAN JONES, JIMI HENDRIX y KURT COBAIN.

El 25 de octubre se hizo público el resultado de la autopsia, en el cual la forense SUZANNE GREENWAY dijo que “la muerte repentina fue la consecuencia no intencionada” de la gran ingesta de alcohol por parte de la cantante. El examen concluyó que los órganos vitales estaban en buen estado, pero que la artista tenía “grandes cantidades de alcohol” en el sistema, por lo que su respiración podría haberse detenido y habría terminado en un coma. Contrario a lo que se especuló, las pruebas toxicológicas no hallaron en su cuerpo sustancias ilegales cuando murió.

AMY WINEHOUSE había dado su último concierto el 20 de julio en THE ROUNDHOUSE de CAMDEN TOWN, acompañando a su ahijada DIONNE BROMFIELD. Una actuación, a decir de varios asistentes, “intrascendente, fría y sin emoción”.

Pero su último gran escándalo lo había protagonizado casi un mes atrás, el 18 de junio, en BELGRADO, cuando, durante una hora y media hizo lo que pudo, completamente borracha, tropezándose una y otra vez, desapareciendo del escenario y dejando las canciones a medias, con sus músicos sumidos en el desconcierto y el público serbio indignado por su deplorable estado. “¡Estás acabada!”, le gritaron. La patética actuación puso fin a una gira europea que ya no pudo reanudar.

Así, tan intempestivamente como inició, la fría tarde de un sábado de verano terminó la carrera de un fenómeno musical al que el tiempo no le alcanzó más que para publicar dos álbumes de estudio, once sencillos y un DVD de un concierto.

En el 2003, la hija de un taxista enamorado de FRANK SINATRA (1915-1998) llamó la atención con su primer disco, “FRANK”, en el que rendía un homenaje al crooner norteamericano.

Su segundo álbum, “BACK TO BLACK”, fue publicado en 2006. Por este disco consiguió seis nominaciones a los PREMIOS GRAMMY, de las cuales ganó cinco: MEJOR ÁLBUM DEL AÑO, MEJOR GRABACIÓN, MEJOR CANCIÓN, MEJOR ARTISTA POP FEMENINA y MEJOR ARTISTA REVELACIÓN.

Aquella noche, también, WINEHOUSE heredó para la posteridad uno de sus sencillos más controvertidos, “REHAB” (diminutivo de ‘rehabilitación’), del que vendió 5 millones de copias en todo el mundo y ocupa el lugar 194 de "las 500 mejores canciones de todos los tiempos".

La letra, escrita basándose en sus experiencias personales, en su parte medular clama con desesperación: “¡No quiero ir a rehabilitación!”, una frase que la cantante inglesa repitió en más de una ocasión, cuando su padre, su novio y sus amigos le pedían que tratara sus adicciones.

En agosto de 2007, WINEHOUSE canceló una serie de shows en el REINO UNIDO y EUROPA, argumentando agotamiento y enfermedad. Fue hospitalizada durante este período y al poco tiempo se descubrió que el motivo verdadero de su internamiento era sobredosis de HEROÍNA, ÉXTASIS, COCAÍNA, KETAMINA y ALCOHOL.

A lo largo de su corta trayectoria, son numerosas las fotos en las que la artista -famosa por su peinado en chongo-, aparece borracha y demacrada, de día y de noche, instantáneas de una forma de vivir y de ser tan brillante como insoportable.

Llamativa, controvertida y excesiva. Así era y así será recordada AMY WINEHOUSE. LA DIOSA DEL SOUL BRITÁNICO.

‘EL CLUB DE LOS 27’: UNA MALDICIÓN DIABÓLICA

La muerte de la cantante inglesa AMY WINEHOUSE, se vino a sumar al famoso Club de los 27 (‘27 Club’ o ‘Forever Club’, en inglés), integrado por influyentes músicos de rock que fallecieron a los 27 años de edad, debido a abusos de alcohol, drogas y, en algunos casos, suicidios o accidentes domésticos, pero en la mayoría bajo ‘extrañas circunstancias’.

Una gran cantidad de leyendas se han tejido alrededor de esta coincidencia, pero la más recurrente tiene que ver con la deuda pendiente que cada uno de estos artistas tenían con el diablo quién, mediante un pacto, los ayudó a escalar rápidamente la fama y la fortuna.

El origen de esta superstición, reforzada con la coincidencia de que a todos se les encontró en el bolsillo un encendedor blanco, se remonta al supuesto pacto que alguna vez realizó el cantante y guitarrista afroamericano ROBERT JOHNSON (1911-1938), conocido como EL REY DEL DELTA BLUES, en el cruce de la autopista 61 con la 49, en CLARKSDALE, MISSISIPPI, lugar en el que los residentes han levantado un simbólico monumento. El trato era convertirse en el mejor intérprete del blues en el mundo, a cambio de su alma. Su muerte ocurrió en circunstancias extrañas, cuando transitaba por los 27 años de edad. Se cuenta que fue envenenado con whisky por un marido celoso, dueño de un bar en el que actuaba. Algunos dicen que murió de neumonía, otros que de sífilis. Su certificado de defunción apunta que falleció el 16 de agosto de 1938, en GREENWOOD, MISSISIPPI y que no hubo autopsia.

Con una carrera breve y solo 29 canciones grabadas, ROBERT JOHNSON sobresalió por su notable combinación del canto, habilidades con la guitarra y talento para la composición, que influenciaron a varias generaciones de músicos. Algunas de sus canciones, como “CROSSROADS” (Encrucijada) y “ME AND DEVIL BLUES” (Yo y el Blues del Diablo), alimentan su leyenda. En el año 2003, a casi medio siglo de su muerte, la influyente revista musical ROLLING STONE colocó a JOHNSON en el quinto puesto en la lista de "Los 100 más grandes guitarristas de todos los tiempos". ¿Casualidad?

Y es que 27 años también tenía BRIAN JONES (1942-1969), guitarra rítmica y multi-instrumentalista de la banda británica THE ROLLING STONES, cuando murió ahogado en una piscina, aparentemente como consecuencia de un ataque de asma. El artista, que tocaba por igual acordeón, guitarra, harmónica, arpa eléctrica, flauta dulce, mandolina, oboe, órgano, saxofón, piano y ukelele, alguna vez llegó a declarar: “Sí, quiero ser famoso. Y no, no quiero cumplir treinta años".

JANIS JOPLIN (1943-1970), la cantante principal de BIG BROTHER AND THE HOLDING COMPANY, ya había cumplido los 27, cuando fue encontrada sin vida en el cuarto de un hotel en LOS ÁNGELES, en los felices días que grababa “LA PERLA” (Pearl), el álbum póstumo que la consagraría definitivamente. Su cuerpo fue encontrado 18 horas después del deceso y, nuevamente, varios detalles resultaron inexplicables, como el hecho de que la droga que la mató tenía el 40 por ciento de pureza, mientras que lo común es que sea de sólo el 2 por ciento. Finalmente, el forense determinó una sobredosis de heroína había sido la causa del desenlace de LA DIVA DEL BLUES.

27 años también tenía JIMMI HENDRIX (1942-1970), considerado uno de los más grandes guitarristas de la historia del rock, cuando se reportó su repentina muerte, en su departamento en el HOTEL SAMARKAND, en NOTHING HILL. La autopsia reveló que había muerto mientras dormía, ahogado con su propio vómito, tras combinar vino con barbitúricos. HENDRIX había tomado siete pastillas VESPARAX, una dosis dieciocho veces superior a la recomendada por su médico.

La misma edad cabalística tenía el cantante, actor y poeta JIM MORRISON (1943-1971), el célebre vocalista de THE DOORS, cuando se halló su cuerpo inerte en la bañera de su piso del barrio del MARAIS en PARÍS, donde vivía junto a su pareja y amante, PAMELA COURSON. Pese a que MORRISON era consumidor habitual de LSD, COCAÍNA, MARIHUANA y PEYOTE, no hubo autopsia y en su acta de defunción quedó asentado que murió por un paro cardíaco.

Y 27 años también tenía KURT COBAIN (1967-1994), el líder del grupo grunge NIRVANA, la mañana del 8 de abril de 1994 en que se encontró su cadáver junto a una escopeta, en un cuarto encima del garaje de su casa. Los análisis previos determinaron que el también compositor y guitarrista había muerto por “una herida de bala en la cabeza”, supuestamente provocada por él mismo, alrededor de las 11:30 de la mañana del día 5. Junto a su cuerpo, se encontró una nota dirigida a su esposa, COURTNEY LOVE, en la que escribió: “Por favor, COURTNEY, sigue adelante. Por FRANCES. Por su vida, que va a ser mucho más feliz sin mí. Las quiero, ¡los quiero!”.

Verdad, mito o leyenda urbana, la muerte de famosos a los 27 es cada vez más común.

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David Estrada

Es licenciado en Mercadotecnia, periodista, historiador, productor, locutor y conductor de radio y televisión en Querétaro con 31 años de experiencia. Ha publicado ocho libros de corte histórico, entre los que destacan: “Querétaro en la memoria de sus gobernantes 1939/1985” y “Querétaro Inédito (volumen I, II y III)”.
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