'LA TIGRESA' Y SUS TRES SEMENTALES

Por David Estrada

A mediados de la década de los setenta, ya entrada en los cuarenta y cinco años, la actriz IRMA SERRANO decidió que ya era tiempo de ser madre. Y para conseguirlo, comenzó a seleccionar de entre la farándula mexicana a un muchacho joven con quién engendran un bebé bellísimo.

La primera etapa se centró en una amplia revisión a las pocas revistas del espectáculo que entonces existían, observando con escrupuloso interés las fotografías que mostraban ligeros de ropa a los adonis del momento.

Y el primer candidato, “por guapo, educado y fino amigo” fue el cuarentón HILDEGARDO GUERRA, mejor conocido en el ambiente artístico como ROGELIO GUERRA, entonces todavía en cierto anonimato pues su lanzamiento internacional con la telenovela “LOS RICOS TAMBIEN LLORAN” (1979) todavía no se producía.

Como no estaba para perder tiempo, “LA TIGRESA” lo citó en su camerino y, una vez allí, sin más le soltó: “Es muy simple: me gustas mucho y quiero tener un hijo tuyo”. El actor soltó una carcajada y después de varios minutos se percató que la propuesta era en serio. “Bueno –le dijo a la actriz, que paciente observaba sentada en un sillón rojo. Creo que primero hay que tratarnos”. IRMA aceptó y durante un mes salieron a divertirse, a platicar y a conocerse. Hasta que, por fin, se dio la primera noche romántica.

Platica la SERRANO en su autobiografía “A CALZÓN AMARRADO” (Selector, 1978): “La primera noche se me inhibió todito. No pudo responder a mis caricias para lograr el coito. La segunda… nanay. Y la tercera, tampoco”. “¡Pero si nunca me ha pasado con nadie!”, dijo muy angustiado el actor, al borde de la desesperación. Y en el cuarto encuentro volvió a fracasar. “De plano, me colmó la paciencia. Acabó con mi imaginación, y en consecuencia con el hechizo”, cuenta la célebre intérprete de “LA MARTINA”.

Recuperada de la decepción un par de meses más tarde volvió a la carga con un nuevo candidato “loco, seguro de sí mismo, conchudo y lleno de vitalidad”: el también actor ANDRÉS GARCÍA.

Revela la actriz: “Me atrajo su carácter tan aventado, su piel bronceada, el contraste de su pelo negro con los ojos claros. Y bien forzudo, de músculos duros y bien torneados. Como que se me antojó caer en sus brazos”.

Al igual que con el anterior, una vez que le dio a conocer sus ‘negras intenciones’, el atractivo protagonista de “CHANOC” (1966) se atacó de risa. “Oye, IRMA, no es mi costumbre hacer estas cosas, pero… ¡ya vas! A ver qué resulta”, contestó. E inmediatamente iniciaron una relación que duró varios meses antes de llegar al momento decisivo.

Nuevamente IRMA es la que habla: “En cuanto a las mieles del amor se refiere, Andresito medio pudo y medio no. Dependía del humor y del ambiente. A veces se agotaba de cargar tantas pesas y de andar por aquí y por allá matando el tiempo. Por su misma conchudez, no le daba mucha importancia al meollo del asunto”.

La posible concepción por intentos no quedó, pero jamás con el resultado esperado. Y la SERRANO acabó fastidiada.

Pasaron los meses y en una gira de trabajo por los ESTADOS UNIDOS se dio la tercera oportunidad. “La tercera es la vencida”, pensó, y enfiló todas sus energías hacia un paisano chiapaneco, “muy galán pero muy pendejo”, moreno de ojos claros, barba partida y pelo chino: el actor y cantante JAIME MORENO.

Cansada de hacer el trabajo duro, “LA TIGRESA” hizo correr el rumor entre sus compañeros de caravana de que tenía malos pensamientos con él. Hasta que el también imitador cayó y acudió a su cuarto a degustar una deliciosa cena romántica, aderezada con bellas flores, románticas velitas y delicioso champán.

La primera decepción para IRMA vino cuando el también modelo de la revista “PLAYGIRL” despreció el primer brindis. “Sólo tomo té de manzana para cuidar mi cutis”, le dijo. Conteniendo la ira, “LA TIGRESA” ordenó al restaurante del hotel que le llevaran al cuarto el mencionado té, mientras se metió al baño para vestirse con ropa más ligera. Nunca llegó el té y tampoco la oportunidad del encuentro romántico entre ambos.

Cuando salió del baño, provocadoramente enfundada en un ‘negligé’ todo sexy, IRMA se llevó su segunda decepción de la noche: ¡estaba dormido sobre la cama!

Aquella noche IRMA SERRANO desistió de manera definitiva en su empeño de convertirse en madre. “Mi gran proyecto fracasó –concluye la actriz en su relato. Ni modo, me dije, no hay manera de tener un hijo con facciones de APOLO”. Y jamás volvió a intentarlo.

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David Estrada

Es licenciado en Mercadotecnia, periodista, historiador, productor, locutor y conductor de radio y televisión en Querétaro con 31 años de experiencia. Ha publicado ocho libros de corte histórico, entre los que destacan: “Querétaro en la memoria de sus gobernantes 1939/1985” y “Querétaro Inédito (volumen I, II y III)”.
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