MAMÁ, EL ESOTERISMO Y SUS 82 AÑOS...

Por David Estrada

Mi madre, como muchas personas de su generación, primero por curiosidad y después buscando respuesta para alguna misión imposible, en un determinado tiempo de su vida recurrió al ESOTERISMO, a los BRUJOS y a los ADIVINOS. Ferviente católica, en aquellos momentos olvidaba que esta práctica estaba censurada por la IGLESIA y en más de una ocasión hasta la vi consultar la OUIJA, algo que, sin embargo, nos costó una golpiza a mis hermanos y a mí cuando, en nuestra inocencia infantil, decidimos comprar este misterioso tablero en la sección de ‘juegos de mesa’ del SUPER DE QUERÉTARO. Respuestas las hubo en más de una ocasión y de ahí nuestra curiosidad para querer ‘jugar’ también. Pero aquella tabla de madera, por orden expresa de mi madre terminó en el basurero…

La OUIJA  es un tablero dotado del alfabeto, números de 0 al 9 y las frases 'SI', 'NO' y 'ADIÓS', con el que supuestamente se establece contacto con ESPÍRITUS. Su origen es impreciso, aunque se sabe que se comenzó a utilizar a finales del SIGLO XIX. Su patente data del 28 de mayo de 1890, declarándose al estadounidense ELIJAH JEFFERSON BOND como su inventor.

Platicaba mi mamá que, soltera, una vez que consultó la OUIJA, ésta ‘le dijo’ que no se casaría con el novio que tenía entonces, sino que lo haría con ‘FRANCISCO’, mi padre, a quien entonces ni siquiera conocía. “¿Y tú quién eres?”, cuenta que le preguntó retadora. “Su abuelo EMILIANO”, asegura que le respondió. El asunto quedó olvidado durante muchos años y alguna ocasión, cuando ya se había casado con mi padre, viajaron a QUERÉTARO. “Acompáñame a visitar la tumba de mi abuelo”, le dijo papá. Mamá aceptó y se quedó fría cuando leyó en la lápida de la cripta familiar en el templo de SAN AGUSTÍN, ese nombre tan particular que ya había conocido años atrás. ¿Coincidencia?...

Después de ver tantas películas de terror sobre el tema, jamás me ha vuelto la curiosidad por consultar la OUIJA, temeroso de abrir alguna de esas misteriosas puertas a lo desconocido o acarrear la desgracia a la casa, como alguna vez le pasó a mi abuela.

Hablando sobre este el mismo tema del ESOTERISMO (conjunto de conocimientos y prácticas relacionados con la magia, la alquimia, la astrología y materias semejantes, que no se basan en la experimentación científica), nunca olvidaré lo que una ocasión le ocurrió a mi madre…

Iba mamá acompañando de compras a mi abuela, en una conocida tienda de ultramarinos de la CIUDAD DE MÉXICO, “LA NAVAL” (AV. INSURGENTES SUR ESQUINA MICHOACÁN), cuando una mujer con turbante y vestimenta extraña se le acercó en las cajas y notablemente afectada le pidió su atención.

Sin poder ocultar su asombro, la mujer le soltó a mamá varias cosas a bocajarro, con la intención de ser escuchada.

“¿A usted le costó mucho trabajo nacer y casi muere durante el parto?... ¿Verdad que usted tiene un nombre que no es el suyo?...”, inició diciéndole.

Efectivamente. El embarazo de mi abuela prácticamente fue una tragedia. Soltera y sin haberlo planeado, incluso en alguna ocasión dudó en abortar. No lo hizo por sus creencias, pero los nueve meses de la vergonzosa gestación fueron, según dejó constancia en su diario, los más tristes de su existencia.

Así, cuando mamá nació, se enfrentó a varias dificultades físicas que casi le cuestan la vida, pues mi abuela, buscando ocultar su embarazo, se fajaba y comía muy mal por la inmensa depresión en la que vivía.

Finalmente mamá nació. Muy débil y enfermiza. Al grado que varias veces durante el parto la dieron por muerta.

El tiempo pasó y a mi madre le pusieron por nombre ‘ANA ELENA’, el cual quedó registrado en su FE DE BAUTISMO. Pero, una vez que ingresó a la primaria en el COLEGIO LESTONNAC (de la orden de LA COMPAÑÍA DE MARIA, N.S.), en la calle de AGUASCALIENTES, en la COLONIA ROMA, una curiosa circunstancia la obligó a cambiárselo.

Cuenta mamá que en el mismo salón que ella estaba una compañera con igual nombre, ANA ELENA CORDERO BUSTAMANTE (hermana de PALOMA, que fuera esposa del presidente MIGUEL DE LA MADRID HURTADO). De modo que, cuando las religiosas pasaban lista, apenas pronunciaban “ANA ELENA CO…”, las dos niñas se paraban para responder “PRESENTE!”, causando gran contrariedad.

De una manera totalmente arbitraria, un día una de las maestras decidió que en el salón no podía haber dos alumnas con el mismo nombre. De tal forma que un sencillo sorteo decidió que a partir de entonces mi madre tendría que llamarse de otra manera.

“Mamá… Tengo que cambiarme el nombre”, le dijo aquella tarde mi madre a mi abuela. Y, sin más, la familia acordó que a partir de entonces mi mamá se llamaría ‘ANA MARÍA’, como mi bisabuela, que fue el nombre con el que finalmente quedó registrada extemporáneamente en su ACTA DE NACIMIENTO a los once años de edad.

Con todo lo anterior como antecedente, mi madre quedó verdaderamente sorprendida que una completa extraña se le acercara para darle estos detalles. Y todavía más…

“Usted es un caso extraordinario de REENCARNACIÓN”, le aseguró la extraña mujer. Y enseguida explicó: “Justamente, cuando usted estaba naciendo, en un lugar lejano una mujer mayor se resistía a morir. Tanta fue su desesperación, que en ese momento reencarnó en usted, que estaba destinada a morir por su precaria salud, devolviéndole la vida, y usted se cambió de nombre porque aquella mujer se llamaba así”.

Y, enseguida, le dio a mi madre una tarjeta para que la buscara en los días siguientes y pudiera recomendarle un lugar en BRASIL donde estudian científicamente casos tan especiales como el de ella. “No deje de llamarme”, le dijo insistente antes de despedirse. Apenas se dio la vuelta, mamá tiró la tarjeta en el basurero más cercano.

Aquella tarde, algo impactada por toda la información, mamá llegó a casa y, entre incrédula y convencida, nos platicó a todos su extraño encuentro.

Entonces yo tenía 12 años y recuerdo perfectamente un detalle que no ha dejado de estar presente en mí, sobre todo cuando llega un cumpleaños de mamá.

“Pero esta REENCARNACIÓN terminará en la misma edad que aquella mujer tenía cuando murió. Entonces usted será abandonada por ella y se encontrará desorientada, en la más inmensa de las soledades”, continuó detallando la extraña mujer. Y finalmente, con sorprendente precisión, vaticinó la fecha: “Eso le ocurrirá a los 84 años”.

Yo, es definitivo, no creo en la REENCARNACIÓN. Pero, ¿cómo tantas cosas habían coincidido en aquella extraña plática? No lo sé.

Este 29 de abril mi madre cumple 82 años. Y, no puedo negarlo, conforme se acerca la fecha fatal, no puedo dejar de pensar en aquel extraño encuentro y lo que supuestamente pudiera ocurrir…

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David Estrada

Es licenciado en Mercadotecnia, periodista, historiador, productor, locutor y conductor de radio y televisión en Querétaro con 31 años de experiencia. Ha publicado ocho libros de corte histórico, entre los que destacan: “Querétaro en la memoria de sus gobernantes 1939/1985” y “Querétaro Inédito (volumen I, II y III)”.
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