PASTEUR: LA CALLE DONDE VIVÍ

Por David Estrada

Viví en la calle de PASTEUR, entre ÁNGELA PERALTA y 16 DE SEPTIEMBRE, cuando todavía no era andador. En el número 17. En aquella casa que hace esquina y tiene cuatro balcones, pasé una parte importante de mi niñez.

La casa era de mi tía JOVITA ESTRADA PÉREZ, que nos permitió vivir en ella en una temporada económicamente difícil para la familia, cuando mi padre entró a trabajar como ilustrador de anuncios comerciales en el “DIARIO DE QUERÉTARO” que entonces dirigía el licenciado J. GUADALUPE RAMÍREZ ÁLVAREZ.

La casa era enorme. De 4 pisos y con cuartito para el servicio en la azotea, nos era pequeña para todas nuestras travesuras. Y para los peligros…

Un tanto fantasía, un tanto verdad, decían que ahí espantaban. Y a nosotros nos parecía ver, entre los muchos cristales de las ventanas, a una mujer sonriendo, con un diente de oro, que creíamos que era la anterior dueña del inmueble, una maestra amiga de mi tía que se la heredó.

Desconozco la razón, pero la arquitectura interna de aquella casa de PASTEUR era muy rara. Con muchas ventanitas en las paredes y varios desniveles que nos servían como escenario para nuestros juegos.

Mi tía JOVITA la había acondicionado para que fuera un JARDÍN DE NIÑOS que nunca abrió sus puertas, pues a mi tía ANA GLORIA RODRÍGUEZ ESTRADA le dieron una plaza federal antes de inaugurarlo.

Para subir a los pisos superiores, había que hacerlo por una estrecha escalera de caracol, hecha de metal. El agua de la regadera, cuando llegamos a vivir ahí, alcanzaba aceptable temperatura luego de que introducíamos al viejo calentador pequeños paquetitos de papel estraza, con aserrín en el interior y bañados en petróleo. Mi papá siempre era el responsable de hacerlo funcionar.

Alguna vez, con mi hermano a la cabeza, mi hermana y yo dimos el GRITO DE INDEPENDENCIA en el balcón central con vista hacia la calle, con un pelón palo de escoba a falta de BANDERA. Abajo, los transeúntes nos miraban extrañados, mientras los tres cantábamos con gran seriedad el HIMNO NACIONAL. Eran tiempos en los que yo creía con convicción que mi hermano alguna vez sería presidente de MÉXICO, pues así nos lo habían repetido hasta el cansancio mis padres y bisabuela materna.

En la azotea había un abandonado CUARTO DE SERVICIO, al que se podía acceder cruzando una peligrosa brecha que unía a un edificio con otro. Sin ninguna protección, y el cual cruzábamos casi siempre sin mirar hacia abajo para evitar el vértigo.

Han pasado varios años de ello y todavía hoy sueño con el momento en que cruzaba ese estrecho camino y como en el patio de abajo mi mamá, histérica, nos gritaba para que nos bajáramos de inmediato. Verdaderamente no me explico cómo no ocurrió un accidente.

En ese cuartito de la azotea, como en muchos de otras casas viejas, había una pila de revistas antiguas, con agujeros algunas páginas por las polillas, pero perfectamente bien encuadernadas. Revistas en color sepia de los años treinta, cuarenta… En perfecto estado y que fueron nuestra delicia para recortar.

Ahí, en esa casa de PASTEUR 17 NORTE, nació mi vocación por el PERIODISMO…

Un cuarto, en la planta baja, acumulaba los periódicos que mi padre ya había leído: locales, nacionales y hasta revistas. Decenas de pilas de más de un metro de altura cada una y que fueron nuestra fuente proveedora de material para el primer periódico artesanal que realicé en enero de 1974.

Mi periodiquito inicialmente se llamó “LA ANTORCHA”, en homenaje al muralista DAVID ALFARO SIQUEIROS, cuya muerte fue la primera nota que escribí con una letra horrible y peores faltas de ORTOGRAFÍA. Después le cambié el nombre por “EL DEMÓCRATA”, por mi admirado JOHN F. KENNEDY.

Todavía en esos días se hablaba del COMETA KOHOUTEK, descubierto por el astrónomo checo LUBOS KOHOUYEK, el 7 de marzo de 1973, siendo visible durante gran parte de ese año. El cometa, que alcanzó el PERIHELIO el 28 de diciembre, tuvo un alto impacto en la CULTURA POPULAR de la época, tanto en canciones, eventos y aún en citas de películas y series. El poeta JAIME SABINES lo cita en su poema “VEREMOS”.

“LA ANTORCHA” costaba dos pesos y la realizaba con papel cartoncillo que compraba en la papelería “SANCHO PANZA”, de la familia RABELL, ubicada en 16 DE SEPTIEMBRE casi esquina con PASTEUR. Y los únicos lectores de aquellas ocho páginas eran mis padres, que me pagaban por su ‘renta’, ya que después de leído, les recogía mi periodiquito para guardarlo en mi HEMEROTECA.

En el primer número de “LA ANTORCHA”, publiqué la noticia del fallecimiento del muralista DAVID ALFARO SIQUEIROS (mis padres me habían bautizado con su nombre en reconocimiento a su genialidad), así como una ESQUELA.

Según dejé asentado en la crónica de la ‘ignaguración’ (SIC) de “LA ANTORCHA”, a las 2 de la tarde del 26 de enero de 1974, se hizo un corte de listón en una ceremonia a la que asistieron mi madre y hermanos y, durante la comida -que empezó a las 2:20-, “se guardó un minuto de silencio en memoria de DAVID ALFARO SIQUEIROS”.

De mis vecinos en aquella casa de PASTEUR, recuerdo en particular a dos: al notario FAUSTO R. OLVERA, que fue el primer NOTARIO de QUERÉTARO, un viejito que tenía a una hija muy berrinchuda, que después fue mi amiga, y que una ocasión tiró el zaguán de su casa al querer meter el carro sin abrirlo. Y al español DANIEL RODRÍGUEZ ANTIGUEDAD, periodista y director del semanario “EL DÍA”, que me llamaba la atención porque era muy alto y siempre caminaba muy erguido, en compañía de su esposa, una mujer muy elegante que me recordaba a mi bisabuela materna.

En el número 17 de la calle de PASTEUR viví cuando estudié CUARTO y QUINTO AÑO DE PRIMARIA en las escuelas VICENTE RIVA PALACIO, de la calle de MORELOS, y donde eran maestras mis tías MARÍA LUISA ESTRADA y MARÍA LUISA RODRÍGUEZ, y la FRANCISCO I. MADERO, de la calle de HIDALGO, donde era director mi tío ANTONIO ESTRADA.

El SEXTO AÑO y la SECUNDARIA ya los hice en el CENTRO EDUCATIVO de la avenida CORREGIDORA, donde era director el maestro J. GUADALUPE CORONA PUGA.

Cuando inicié la SECUNDARIA nos cambiamos a una casa en el número 35-A de la calle de MORELOS, donde pasé la difícil transición de niño a adolescente.

Pero, para 1984, regresamos a vivir a la calle de PASTEUR. Al número 19. Una casa que, decían, estaba ‘maldita’, pues aseguraban que los que la habitaban, o morían, se divorciaban o, si ponían en ella un negocio, éste se iba a la quiebra.

Casualidad o no, después de celebrar 25 años de matrimonio en esa casa, en 1986 mis padres se separaron. Y la ‘familia perfecta’ se desintegró…

La vida nos cambió diametralmente, y los hijos nos fuimos a vivir con mamá a la última calle de la colonia VALLE ALAMEDA. En la orilla de la ciudad. Pero esa, ya es otra historia…

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David Estrada

Es licenciado en Mercadotecnia, periodista, historiador, productor, locutor y conductor de radio y televisión en Querétaro con 31 años de experiencia. Ha publicado ocho libros de corte histórico, entre los que destacan: “Querétaro en la memoria de sus gobernantes 1939/1985” y “Querétaro Inédito (volumen I, II y III)”.
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