A MI MADRE EN SU 84 CUMPLEAÑOS

Por David Estrada

MAMÁ:

Te escribo estas líneas, teniendo a mi derecha tu sillón vacío. Ese sillón naranja desde el que diariamente me veías trabajar y en el que comías, cenabas y en el que me acompañabas dormitando hasta las primeras horas de la madrugada.

Ya estabas muy cansada, y por ello acepto con resignación tu partida, 18 días antes de que cumplieras los 84 años.

Te disfruté tanto, que todos esos alegres recuerdos de toda una vida me acompañan en estos días y estas noches tan largas, tan vacías. De tanta soledad.

Te besé, te abracé y te dije “¡Te quiero mucho, MAMÁ!”, tanto como para tres vidas. Nunca me cansé de hacerlo. Como nunca, tampoco, me cansé de pedirte que me dieras un beso, dos… ¡veinte! “Pero con FRUICIÓN”, te decía. Y tú tomabas impulso y besabas con fuerza mi mejilla.

Hace cinco años, por amor y convicción, decidí alejarme de todo y de todos, haciéndote el centro de mi vida. Mi razón de vivir.

Mi mayor anhelo era que fueras feliz y espero en alguna medida haberlo logrado.

Cuando todavía podías caminar, nos íbamos a comer a “LA MARIPOSA” -tu favorita-, a “KARNES EN SU JUGO”, a “VIP’S”, o a disfrutar de un helado de chocolate de "LA MICHOACANA" en mi CHEVY verde, mientras recorríamos AVENIDA CONSTITUYENTES, de CANDILES hasta CARRETAS y de regreso.

Hicimos nuestro el PARQUE DE JARDINES DE LA HACIENDA, ese hermoso jardín que está enfrente de la iglesia de LA SAGRADA FAMILIA en la que depositamos tus cenizas, al lado de las de papá.

Todos los miércoles, ya en tu SILLA DE RUEDAS, le dábamos tres vueltas mientras disfrutabas del canto de los PÁJAROS, el olor de la HIERBA mojada, la presencia de los PERROS corriendo por todos lados y el SOL que acariciaba tu rostro pálido. “¡Qué rico!”, suspirabas.

El miércoles 20 de febrero, una querida amiga de FACEBOOK, JUANITA RAMÍREZ, en este parque me pidió tomarnos una fotografía. Yo te abracé y tú sonreíste. Esta hermosa fotografía fue la última que me tomé a tu lado y es uno de mis mayores tesoros. La muestra gráfica del gran amor que siempre te he tenido.

Con alegría recuerdo que las dos últimas semanas que estuvimos ahí, como una niña me pediste: “¡Un ratito más!”. Y nos dimos otra vuelta cobijados por esos inmensos ÁRBOLES que atesoran mil historias de amor de PADRES e HIJOS como la nuestra.

También, con emoción, recuerdo que en casa, sentada en tu sillón naranja, apenas me acercaba, con gran dulzura me pedías: "¡Déjame acurrucarme en ti!". Y amorosamente recargabas tu frágil cabeza sobre mi pecho, al tiempo que yo te abrazaba y daba gracias a DIOS por poder hacerlo una y mil veces más.

¡Qué orgullo que me conocieras y me aceptaras tal cual soy y siempre me hicieras sentir que era amado!

Tú me enseñaste a conocer a un DIOS MISERICORDIOSO. "No le tengas miedo -me decías. Él todo lo ve, todo lo sabe y es JUSTO". Y juntos comulgábamos por tu salud hasta el viernes anterior a tu partida.

De ti siempre recibí un buen consejo, una justa reprimenda, una palabra de consuelo, y siempre, acciones llenas de amor y de cariño. 

Juntos nos fuimos a EUROPA, en un viaje que por muchas razones marcó profundamente nuestras vidas: teatro en MADRID, los museos DEL PRADO, TYSSEN y LOUVRE, NOTRE DAME y LA BASÍLICA DE SAN PEDRO, el DAVID de MIGUEL ÁNGEL y la bendición ‘URBI ET ORBI’ de JUAN PABLO II desde su balcón.

El 22 de junio del año pasado, pude darte una alegría más, cuando te entregué mi TÍTULO PROFESIONAL como LICENCIADO EN MERCADOTECNIA de la UVM. “Sólo faltabas tú”, me dijiste con lágrimas en los ojos. Y solos, nos fuimos a festejar a “AMADEUS” con una sopa de CHAMPIÑONES, una MILANESA y un pastel de QUESO y ZARZAMORA.

Como un regalo de DIOS conservo el recuerdo de como te abrazabas a mí cuando te levantaba de tu CAMA o de la SILLA DE RUEDAS. Con todas tus fuerzas te aferrabas a mi cuello y yo te cargaba pues ya habías renunciado a caminar.

Casi al final, como otro regalo más, tuve la oportunidad de darte de comer y limpiar tus labios e, incluso, en el penúltimo día, darte agua a cucharadas, pues ya se habían agotado todas las otras posibilidades de hacerlo.

DIOS te llamó a su lado a las 8:04 de la mañana del jueves 11 de abril. Estabas sedada cuando tu corazón dejó de funcionar. Y en tu cama de hospital te besé por última vez. Estabas tan plácida, tan tranquila, tan hermosa. Debajo de las sábanas busqué tu mano para besarla también. Esa mano que tantas veces me dio la bendición y me dio consuelo ya estaba fría, inerte.

Te he llorado tanto como te dije te quería. Estoy tranquilo porque sé que ya descansas, pero también estoy muy triste. Inmensamente triste y vacío. Tratando de levantarme en medio del dolor y buscando nuevas razones para continuar viviendo, con la compañía de mis hermanos y de aquellos que, pese a mi alejamiento de años, comprendieron que mi madre era una buena razón para no verlos.

Este lunes 29 de abril hubieras cumplido 84 años. Y yo te recordaré sonriendo y feliz porque hoy, por fin, haz vuelto a estar al lado de mi adorado papá, el amor de tu vida.

Gracias por todo. ¡Te quiero mucho mamá! Con todo mi amor y recordándote siempre, tu ‘paloma de la paz’ y tu ‘compañerito’, CANITO.

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David Estrada

Es licenciado en Mercadotecnia, periodista, historiador, productor, locutor y conductor de radio y televisión en Querétaro con 31 años de experiencia. Ha publicado ocho libros de corte histórico, entre los que destacan: “Querétaro en la memoria de sus gobernantes 1939/1985” y “Querétaro Inédito (volumen I, II y III)”.
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