MI SHOW PRIVADO DE EMMANUEL

Por David Estrada

Para junio de 1990, ya había avanzado a pasos agigantados el proyecto de lanzar nacionalmente mi revista “Con Mayúsculas”, apoyado económicamente por el licenciado Rafael de Haro Lebrija, a quien había conocido en mi ingreso a TVQ y que, además de ser el concesionario de la Televisora Queretana, en ese mismo tiempo se desempeñaba como vicepresidente de Ventas de Televisa. Para concretarlo, firmamos ante notario nuestra sociedad con 55% de las acciones para él y 45% para mí, y acordamos que la parte publicitaria estaría a cargo de Azteca, su agencia publicitaria, en tanto que yo asumiría la totalidad de la parte editorial.

Entusiasmado, pero sin imaginar la monstruosidad que estaba por venir, comencé a diseñar el contenido de ese número inaugural que en realidad sería el tercero, ya que en marzo y abril yo, de forma independiente y antes de mi ingreso a TVQ, había publicado los primeros ejemplares con dos entrevistas extraordinarias que fueron las que motivaron al licenciado De Haro a asociarse conmigo: María Félix en el número uno y el ex presidente Miguel de la Madrid en el siguiente.

Así las cosas, para la parte de las entrevistas contacté a un entrañable amigo de mis padres, el artista plástico José Luis Cuevas, en tanto que el licenciado De Haro inmediatamente se comunicó con un querido amigo suyo, casi un hermano, que se encontraba en Miami terminando su nueva producción discográfica: el cantante Emmanuel.

Sin demora, la siguiente semana me trasladé a la ciudad de México para mis encuentros con José Luis Cuevas, en su casa en San Ángel, y con Emmanuel, recién desempacado de Miami, en su oficina en Bosques de las Lomas.

En mi carrera periodística, independientemente de mi objetivo desempeño como profesional, he tenido la fortuna de conocer personalmente y tratar a muchos de los artistas a los que admiro como cualquier fan. Casos como Alejandro Sánz, Angélica María y David Bisbal, por citar algunos; los dos españoles, incluso, cuando en México apenas eran conocidos y yo había descubierto en Televisión Española.

A Emmanuel lo vi por primera vez en 1979, con su temperamental interpretación de la canción “Al final” y aquél famoso desplante que realizó al perder el Festival OTI, y después lo seguí con el extraordinario disco “Íntimamente” (1980), producido por el español Manuel Alejandro, que contenía los inmortales “Insoportablemente bella” y “Todo se derrumbó dentro de mí”. Pero, el momento en el que definitivamente me convertí en su fan, fue en 1982, cuando lanzó el LP “Tú y yo”, un disco que se grabó con fuego en el soundtrack de mi vida, debido a la difícil etapa personal por la que transitaba en ese tiempo. De ese acetato -con una fabulosa fotografía de un sexy Emmanuel con una cabellera hasta los hombros, playera de manga corta amarilla, pantalón rojo arremangado hasta la pantorilla y descalzo-, mis canciones favoritas son “Tú y yo”, “Y ahora”, “Esto me duele más que a ti” pero, por sobre todas ellas, “Hoy no sabes a mí”, que hasta la fecha, inmediatamente me transporta al dolor que sufrí los meses posteriores a mi primer gran decepción amorosa.

Más, el momento en el que mi idolatría se transformó en respeto, fue con el disco “En la soledad” (1983), realizado con una exquisita calidad musical en Italia, y que nos regaló tres de las mejores canciones de un Emmanuel más maduro, artísticamente hablando: “Tengo”, “El rey azul” y la portentosa “Si ese tiempo pudiera volver”, un tema tan personal como “La última Luna”, que hasta la fecha no ha podido ser superado por nadie más.

Con todo ese conocimiento y admiración a cuestas, acudí a mi encuentro con Emmanuel, el mediodía del lunes 16 julio de 1990.

Sobra decir que, por la cercanía del licenciado de Haro con Emmanuel, todo se facilitó de una forma poco usual.

La oficina en la que se desarrollaría la entrevista era amplia, con elegantes muebles de caoba y sillones Chesterfield de piel. Varios trofeos en el librero -el Heraldo, entre ellos- y una docena de discos de oro internacionales en las paredes. Un enorme equipo modular de radio, cinta y tocadiscos con enormes bocinas y, sobre la mesa del escritorio, las pruebas de color de la portada del próximo disco, con un Emmanuel descalzo, con las manos en el pantalón y un hermoso paisaje de montañas de fondo.

Puntual, pese a que no tenía ni una hora de haber bajado del avión procedente de Miami, Emmanuel entró a la oficina a la una de la tarde. Visiblemente emocionado por llevar bajo el brazo el ‘demo’ de su próximo disco, sonriente se acercó a mí, extendiendo su mano derecha.

Alto, muy alto, mucho más atractivo que en las fotografías y en la televisión. Más joven de los 35 años que tenía en ese momento, con el cabello rubio rojizo y el rostro blanco cubierto de pequeñas pecas. Viste un ajustado pantalón de mezclilla negro, con estratégicas roturas en los muslos por la parte delantera y trasera, y una fina camisa de seda, también negra, desabotonada.

- Mira, David, aquí traigo mi próximo disco… ¡está padrísimo! ¿quieres escucharlo? Todavía no se lo he puesto a nadie en la oficina, ¡ni a mi esposa!, me dice.

Sin esperar respuesta debido a la gran alegría que siente al tener en sus manos su nueva producción recién mezclada, de inmediato se dirige al equipo modular e introduce la cinta.

- Este disco va a revolucionar todo lo que he hecho hasta ahora; tiene música rítmica, afroantillana, rock, jazz, baladas… ¡todo! ¡Va a ser un trancazo!

Acto seguido, apenas escucha los primeros acordes del cover italiano “Bella señora” (Bella signora), de Gianni Morandi, con los ojos cerrados comienza a bailar, embelesado por el ritmo y cantando sobre su propia voz.

Yo, mudo, no puedo dar crédito al inesperado show que mi entrevistado, mi ídolo, me está regalando.

“Háblame de tí, bella señora / Háblame de ti y de lo que sientes / Háblame de ti, de tus silencios / Háblame de ti, de tus amantes / Sí, de tus amantes…”.

Ahí, Emmanuel, en vivo, me estaba presentando la canción que en enero de 1991 permanecería cuatro semanas consecutivas en el primer lugar de popularidad en las listas del Billboard Latino. Un éxito que se volvería emblemático en toda su carrera musical.

Y así, Emmanuel deja correr la cinta completa con cada una de las diez canciones de su nuevo álbum, dos de ellas de la autoría de Juan Luis Guerra y algunas escritas por él mismo en coautoría: “No he podido verte”, “Cambiaré”, “Manual”, “Amor dividido”, “Jarro pichao”, “Animal”, “Una nueva vida”, “Causa perdida” y “Créeme”.

Ya durante la entrevista que registro en mi pequeña grabadora Sony, Emmanuel me platicará que este disco, que llevaría por título “Vida”, se había realizado con varios productores en Brasil, los Ángeles, Nueva York, Miami y en Polonia.

- El tema de lanzamiento será “Bella señora”, ¡un numerazo!. Este disco es algo totalmente diferente a los anteriores, estoy seguro. Es un excelente disco, ojalá que el público piense lo mismo.

La plática se extiende por casi dos horas. La primera de ella, íntegra, con la primicia total del nuevo disco, show incluido.

Tal como lo habíamos acordado mi socio y yo, Emmanuel fue la portada del número nacional de “Con Mayúsculas”, plagado de publicidad de Coca Cola, Sabritas, Chrysler, Levi’s, Wonder, Mabe, Telmex, sangría Ciña Real, brandy Presidente y cigarros Montana.

Lamentablemente, abusando en mucho de mi inexperiencia y sin consultarme, el editor a última hora cambió la calidad del papel y de la impresión, demeritando en mucho el trabajo final.

En consecuencia, el tiraje en su totalidad se fue a la basura -yo me quedé únicamente con tres ejemplares-, y mi socio perdió todo el dinero que había adelantado, cancelándose de inmediato el proyecto nacional de “Con Mayúsculas”, que sería retomado en enero de 1992, ahora para Querétaro únicamente y apoyado publicitariamente por TVQ.

Con entrevistas exclusivas a Gloria Trevi, Antoine Tzapoff -el novio pintor de María Félix-, una extraordinaria cobertura fotográfica de Mauricio de la Vega a la gira “20 años” de Luis Miguel, y una histórica memoria fotográfica de colección con “100 personalidades Con Mayúsculas” (100 queretanos de todos los ámbitos fotografiados por Esteban Galván y su hijo Miguel Ángel), “Con Mayúsculas” sobrevivió cinco números más. Fue sustituída por la revista de espectáculos “Así!”, apadrinada por el grupo Magneto y por el cantante y actor Flavio César; después, por la revista social “Gente Así!”, apadrinada por el ex Menudo Charlie Massó, y finalmente por el tabloide político “Día Siete”. Pero ésa es otra historia.

A Emmanuel, en el mejor momento de su carrera musical, lo volví a entrevistar tres ocasiones más para mis diferentes publicaciones y programas de televisión: en 1992, con motivo del lanzamiento de su disco “Ése soy yo”, de nueva cuenta en su oficina de nuestro primer encuentro; en 1993, en el aeropuerto de la Ciudad de México, antes de partir de gira a América del Sur; y en 1994 en el Castillo de Chapultepec, durante la presentación de su libro de poemas, “Páginas calladas”, con prólogo de Jaime Sabines.

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David Estrada

Es licenciado en Mercadotecnia, periodista, historiador, productor, locutor y conductor de radio y televisión en Querétaro con 31 años de experiencia. Ha publicado ocho libros de corte histórico, entre los que destacan: “Querétaro en la memoria de sus gobernantes 1939/1985” y “Querétaro Inédito (volumen I, II y III)”.
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