LA CASA DONDE DEJÉ DE SER NIÑO

Por David Estrada.

El otro día, recorriendo mis lugares favoritos del CENTRO HISTÓRICO, pasé por la casa que habité en mi juventud, en el número 35A de la calle de MORELOS poniente. La están derrumbando. Y me dio mucha tristeza, pues fue en esa casa donde viví mis mejores años. Los años determinantes en los que dejé de ser niño y me convertí en adolescente. Una casa que, más que cualquier otra, todavía continúa presente, en todos sus cuartos y todos sus rincones, en muchos de mis sueños y pesadillas en la actualidad.

A esta casa, ubicada entre las calles de ALLENDE y GUERRERO, llegamos mis papás, mis dos hermanos y yo, después de haber vivido un buen tiempo en la casa de mi TÍA JOVITA en la calle de PASTEUR, hoy andador, y de la que ya escribí en otra ocasión.

Recuerdo que la dueña del inmueble era la señora CONCHITA LARA VIUDA DE RIVERA, que vivía en la avenida EZEQUIEL MONTES, junto a lo que hoy es FUNERALES HERNÁNDEZ.

Por un acuerdo entre mis padres, durante todo el tiempo que ahí habitamos, la renta la pagaba mi madre con su trabajo como promotora cultural del INJUVE (después CREA e  INDEREQ y hoy CASA DE LA JUVENTUD). 700 PESOS de aquella época. Mi padre, que para entonces ya laboraba como maestro en BELLAS ARTES de la UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE QUERÉTARO, era el responsable de alimentarnos, vestirnos y pagar todo lo que necesitábamos para la escuela.

En esta casa tuvimos nuestra primera TELEVISIÓN A COLOR, marca SONY, la cual se compró en abonos, pues era un lujo para nosotros. También, ahí, después de varios años de estrechez económica y gracias al trabajo de mi madre haciendo colchas y carpetas por las noches, fue cuando tuve mi primer CAMA INDIVIDUAL, después de compartir por años con mi hermano la vieja CAMA MATRIMONIAL que alguna vez fue de mis padres.

Como toda casa antigua del centro, ésta tenía unas paredes enormes. Como de unos 6 metros de alto. Y, apenas comenzó en mí la inquietud por los ARTISTAS, la MÚSICA y las PELÍCULAS, me apoderé de la más grade de toda la casa, que estaba precisamente en mi cuarto y frente a mi cama, y la tapicé con fotografías enmarcadas y posters de aquellos que eran mis favoritos: ELVIS, STAR WARS, JOHN TRAVOLTA y su FIEBRE DE SÁBADO POR LA NOCHE, SHAUN CASSIDY y LA LAGUNA AZUL, entre otros.

Viviendo allí y apenas cumplió 18 años, mi hermano decidió hacer maletas e irse a vivir con mi abuela a la CIUDAD DE MÉXICO, provocándole a mi madre un gran dolor.

Cobijado por sus gruesas paredes y pesadas puertas de madera, en esa casa dejé los juegos con soldados y cochecitos de fricción y conocí el AMOR. En la sala de aquella casa, que tenía una gran ventana con vista a la calle de MORELOS, di MI PRIMER BESO. O más bien dicho, me enseñaron a dar MI PRIMER BESO porque, aunque yo me moría de ganas, no tenía ni idea de cómo hacerlo. Dos lecciones fueron suficientes.

También en esta casa supe, por vez primera, del DOLOR que produce ENAMORARSE, cuando hacerlo en realidad es una ILUSIÓN que dura unos días, pero la HERIDA del intento perdura durante meses. Años, tal vez. Escuchando miles de veces la canción “LA PROMESA” (The promise), del disco “PHYSICAL” de OLIVIA NEWTON JOHN, ¡cuánto lloré entonces!

En el patio de esta casa y cuando la MÚSICA DISCO estaba en su pleno apogeo, mi hermana y yo organizamos FIESTAS a las que acudían sus amigas del 5 DE MAYO y mis amigos del CENTRO EDUCATIVO.
Sillas, el TOCADISCOS de la casa, mi enorme colección de ACETATOS, refrescos, hielos y botanas eran suficientes para pasarla bien de las 7 a las 12 de la noche. La música de moda: DONNA SUMMER (“Last Dance”), los BEE GEES (“Night Fever”), PATRICK HERNÁNDEZ (“Born to be alive”), BONNIE POINTER ("Heaven Must Have Sent You"), CELI BEE (“Macho”), VILLAGE PEOPLE (“YMCA”), AMII STEWART (“Knock On Wood”), GLORIA GAYNOR (“I will survive”), LAURA BRANIGAN (“Gloria”) y BLONDIE (“Call me”), entre otras. Y a bailar todos!

Recuerdo que, influenciado por mis ídolos de la época, me gustaba dejarme el cabello largo y vestirme con pantalones ajustados y camisas de manga corta y abiertas un poco más arriba del ombligo.

En esta casa de la calle de MORELOS también conocí el enorme complejo que se tiene cuando el rostro se tapiza de ACNÉ, a pesar de untarme por toneladas la pomada de moda de nombre CLEARASIL. Pero, también y en beneficio de mi vanidad, supe de la gran ventaja que era dejar los LENTES DE ARMAZÓN a cambio de la gran novedad de los LENTES DE CONTACTO.

De esta casa salía unos minutos antes de las 7 de la mañana, para tomar mi CAMIÓN para la PREPA SUR, en la esquina de EZEQUIEL MONTES e HIDALGO, primero, y en ZARAGOZA y COLÓN, cuando me cambié al horario de la tarde.

Vivía en esta casa de fachada amarilla y portón negro cuando, en 1983 entré a trabajar a RADIO UNIVERSIDAD. Mi primer trabajo.

Y después de casi 6 años, de aquí salimos todos a una casa mil veces superior en comodidades, en el número 19 del ANDADOR PASTEUR norte, cuando mi padre cambió a un mejor trabajo y creímos que la suerte nos había favorecido, sin imaginar que la felicidad de estar juntos duraría muy poco.

¡Cuántas historias se esconden detrás de cuatro paredes!

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David Estrada

Es licenciado en Mercadotecnia, periodista, historiador, productor, locutor y conductor de radio y televisión en Querétaro con 31 años de experiencia. Ha publicado ocho libros de corte histórico, entre los que destacan: “Querétaro en la memoria de sus gobernantes 1939/1985” y “Querétaro Inédito (volumen I, II y III)”.
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