EL RECTOR COMUNISTA DE LA UAQ (PARTE I)

Por David Estrada

La noche del viernes 25 de septiembre del 2015, en la CIUDAD DE MÉXICO, murió el poeta y periodista HUGO GUTIÉRREZ VEGA a los 81 años de edad. Jaliciense de nacimiento, pero queretano por adopción, HUGO GUTIÉRREZ VEGA fue en su vida de todo y todo lo hizo bien: poeta, diplomático, abogado, catedrático universitario, traductor, periodista y actor. Escribió 35 libros de poesía traducidos a 10 idiomas, otros 13 en prosa, además de múltiples ensayos. Conversar con él era una delicia. Toda una cátedra. Una lección de vida. Dueño de un sarcasmo natural, el hombre que alguna vez fuera bautizado como ‘el rector comunista’ de la UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE QUERÉTARO, en una amplia entrevista que me concedió para mi programa “CONVERSACIONES CON DAVID ESTRADA” aseguraba estar agradecido con todo lo que le había tocado vivir. “Y si tuviera la oportunidad de dar la vuelta atrás -decía convencido-, haría todo exactamente igual. Con todos sus aciertos y con todos sus errores”. Este es un breve bosquejo de una vida inquieta, compleja y ejemplar, de uno de los mexicanos más destacados del siglo XX. Un homenaje para uno de los hombres que más amó a QUERÉTARO y a su UNIVERSIDAD.

Hugo Gutiérrez Vega nació en Guadalajara el 20 de febrero de 1934.

Sus primeros acercamientos con la literatura los tuvo de mano y en la voz de uno de los más grandes poetas, ensayistas y diplomáticos mexicanos: el maestro Alfonso Reyes (1889-1959).

A principios de los años cincuenta, un grupo de escritores muy jóvenes -entre los que se encontraba Carlos Fuentes (Panamá, 1928)-, acudía a Cuernavaca para escuchar las charlas interminables del ‘regiomontano universal’. “Don Alfonso fue nuestro maestro en casi todo –recuerda Gutiérrez Vega. Sabía todo. Hablábamos mucho, tanto de diplomacia como de literatura. ‘Hablábamos’ me parece un plural inexacto. Más bien él hablaba y nosotros lo escuchábamos”.

En aquél tiempo y con apenas 18 años, un joven Hugo Gutiérrez comenzaba a dar forma a las inquietudes que posteriormente se convertirían en el eje de su vida: la poesía, el teatro, el cine, la música y la política.

Apenas cumplidos los veinte, emprendió una aventura que marcaría su formación teatral: viajó a Nueva York y se matriculó en la más prestigiada escuela de actuación, la Actors Studio, dirigida por el legendario Lee Strasberg (1901-1982) y testigo de los primeros pasos actorales de figuras legendarias como James Dean, Marlon Brando, Steve McQueen, Marilyn Monroe, Paul Newman y Shelley Winters.

¿Cómo llegó Querétaro a la vida de Hugo Gutiérrez Vega? El maestro se remonta a la década de los cincuenta del siglo pasado: “Yo vivía en aquella época en Guadalajara. Estudiaba Derecho en la U de G. Hacía política. Yo creo que en buena medida me distraía en la política de mis actividades académicas y mi padre se vino a vivir a Querétaro. Se casó con una señora de Amealco y cansado ya de la capital de la República y deseando estar cerca del campo y del ganado -mi padre era de Corbera de Toranzo, un pueblo de la montaña santanderina, de la actual Cantabria-, a pesar de que trabajaba en una ferretería, tenía una gran nostalgia por el campo y por la hierba y entonces dijo: ‘Querétaro es el lugar indicado’. Era la época en que Querétaro era una cuenca lechera importante. Entonces se vino  Querétaro con su familia y yo vine de vacaciones con él. Entonces hablé con el licenciado Fernando Díaz Ramírez, entonces rector de la Universidad, y me dijo: ‘¿porqué no te vienes de director de Difusión Cultural y terminas aquí la carrera?’. Entonces me vine a terminar la carrera, a dirigir Difusión Cultural y a fundar los Cómicos de la Legua”.

Sin embargo, hoy reconoce con franqueza, hubo otro elemento importante para tomar la decisión de radicar en Querétaro: “Aquí conocí a la mujer de mi vida, Lucinda Ruiz Posada. Queretana por los cuatro costados. El amor por ella y el matrimonio con ella fueron elementos determinantes para mi arraigo en Querétaro. ¿Qué puede jalar más que una mujer?”.

LA ORATORIA Y LOS CÓMICOS DE LA LEGUA

Una de las aportaciones más significativas del todavía estudiante en Derecho Hugo Gutiérrez Vega como director universitario de Difusión Cultural es, sin duda alguna, la creación del grupo teatral Los Cómicos de la Legua.

Platica Gutiérrez Vega: “Yo fundé en la Universidad una Academia de Oratoria. Inspirado en los concursos de El Universal que a muchos nos sirvieron de formación. Era la época en que había oradores muy floridos. Empezando por Adolfo López Mateos, un magnífico presidente y un gran orador. Nos peleábamos los campeonatos nacionales en los concursos de El Universal: Raúl Carrancá y Rivas (Distrito Federal, 1930), Rafael Corrales Ayala (Guanajuato, 1925) y Porfirio Muñoz Ledo (Distrito Federal, 1933). Yo tengo nostalgia por aquella época, pues ahora que escucho a los políticos hablar tan mal, un español tan deplorable y tan confuso, creo que deberían de regresar estos concursos. A lo mejor la retórica se puede superar un poco y estos políticos, erráticos y tartamudeantes, aprenden a hablar con mayor claridad… O a lo mejor no les gusta hablar con claridad por estrategia. Pero, de ésta Academia de Oratoria que fundé, a la que asistían Paco Rabell, Sergio Padilla, Manuel Lozada, Pancho Perrusquía, Carmelita Zepeda, Enrique Burgos, Fernando Ortiz Arana, les dije: ‘¿por qué no hacemos un grupo de teatro?’. Y todos aceptaron con gusto”.

Inspirado en las Misiones Pedagógicas de Manuel Bartolomé Cossio (1857-1935) y en la compañía estatal teatral ‘La Barraca’, formada por el poeta Federico García Lorca (1898-1936), que recorría España llevando el mensaje del Teatro Clásico a las clases populares, Gutiérrez Vega funda Los Cómicos de la Legua. Con entremeses de Miguel de Cervantes (1547-1616) y poesía ‘en voz alta’, algo innovador para la época.

El 5 de septiembre de 1959,  Los Cómicos de la Legua se presentan por primera vez ante el público universitario y la sociedad queretana.

“Nuestro primer programa fue ‘El paso de las aceitunas’, de Lope de Rueda, ‘Las coplas de Manrique a la muerte de su padre’, ‘El cántico espiritual’ de San Juan de la Cruz, y ‘El juez de los divorcios’ de Miguel de Cervantes”, recuerda con detalle Gutiérrez Vega.

“Después entramos a representar las farsas francesas y de repente, en determinado momento, nos jaló el teatro de vanguardia. Y todavía recuerdo con entusiasmo la representación en el Teatro de la República de ‘La cantante calva’ (La Cantatrice Chauve) del dramaturgo francés Eugene Ionesco (1909-1994), una severa crítica de la vida cotidiana, en la que los personajes son incapaces de expresar sus opiniones. Una puesta en escena muy exitosa y altamente simbólica por representarse en un lugar en el que se había desgranado tanta retórica política, Me acuerdo que estábamos en el reparto Carmen Zepeda, Estela Belausarán, Jorge Galván, Paco Rabell, Licha Aguilar y yo. Paco Rabell hacía un magnífico bombero, contando las magníficas anécdotas de Ionesco”.

Los Cómicos siguieron por ese camino y comenzaron a presentarse por igual en los barrios de la capital que en las comunidades del estado y los pueblos de la sierra. “Y luego la emprendimos de repente hacia Chiapas, Yucatán y Sonora, viajando por todo México en condiciones verdaderamente precarias pero con todo el entusiasmo que da la juventud”, relata Gutiérrez Vega.

A mediados de 1963, ya titulado de abogado en Derecho, Hugo Gutiérrez Vega recibe la invitación para incorporarse al Servicio Exterior Mexicano. El primer capítulo de su paso por nuestra Máxima Casa de Estudios se vio forzado a terminar. 

'EL RECTOR COMUNISTA' DE LA UAQ

En 1965, para pasar las fiestas de fin de año, Gutiérrez Vega regresó a Querétaro. Una vez aquí, se encontró con la invitación de hacerse cargo de la rectoría de la Universidad de la que años atrás había sido director de Difusión Cultural. Le encantó la idea y aceptó. Ya no regresó a Roma.

Relata Hugo Gutiérrez Vega: “Siendo agregado cultural en Roma, vine de vacaciones a Querétaro en diciembre. Y estando de vacaciones, el Consejo Universitario me nombró rector de la Universidad Autónoma de Querétaro. Pedí licencia en Relaciones Exteriores y con un enorme entusiasmo entré a la rectoría. Me entregó el licenciado Alberto Macedo, como dicen los clásicos, ‘de feliz memoria y recordación’. Un rector que tuvo muchos méritos, sobre todo en la reestructuración jurídica de la Universidad”.

Desde el principio, con un grupo de jóvenes muy entusiastas, tanto de Querétaro como del Distrito Federal e incluso de otros países, Gutiérrez Vega pensó en echar a andar una Universidad ‘moderna’. Colocar a nuestra Máxima Casa de estudios en el ritmo de los tiempos que se estaban viviendo.

“Por eso -explica Gutiérrez Vega-, organizamos una serie de diplomados de actualización. Yo no diría que de modernización, sino de actualización. Eran diplomáticos urgentes para los universitarios queretanos. Se necesitaba, por ejemplo, un diplomado sobre Freud, y armamos tal escándalo con ese diplomado sobre ‘El pensamiento y el método de Freud’, impartido por el maestro Carlos Pacheco Reyes, que seguramente que Freud desde su tumba se divirtió profusamente”.

La reacción de la sociedad no se hizo esperar.

“Recuerdo que los franciscanos nos enviaron a varias personas con pancartas, pero en particular recuerdo a una viejecita que llevaba una que decía: ‘ABAJO EN PANSEXUALISMO’. Entonces yo me le acerqué y le pregunté: ‘¿y eso qué quiere decir?’. A lo que me respondió: ‘Pues no sé, me la dio el padre Anacleto’. Pero allí estaba protestando”, relata divertido el ex rector.

“Pese a la resistencia de algunos sectores de la población, nosotros continuamos con nuestros cursos en la Universidad. Georg Hegel, Carl Marx, la el pensamiento de la Democracia Cristiana e incluso el Concilio Vaticano II, entre ellos. Recuerdo que fue arriesgado abordar el tema sobre la función del orgasmo a cinco cuadras de la casa del obispo, entonces también sobre la calle de 16 de septiembre. Pero lo hicimos. Y hasta allá le llegaban las voces sobre el orgasmo raegiano a don (Alfonso) Toriz Cobián, con quien hablé en más de una ocasión para explicarle nuestro proyecto de Universidad. Nunca nos entendió”.

El proyecto de Hugo Gutiérrez Vega para la UAQ fue, quizá, muy avanzado para su tiempo.

“Queríamos dotar a la Universidad de una atmósfera cultural que permitiera el desarrollo de las actividades académicas a mayor profundidad. Y por ello organizamos semanas culturales con el apoyo de las Embajadas de diferentes países”.

Y así, los universitarios queretanos, como nunca antes en los 14 años anteriores, tuvieron conciertos, ferias de libros, conferencias y obras de teatro en una Semana de la Cultural Soviética, otra Italiana y, entre muchas otras, una dedicada a los Estados Unidos, que culminó con la donación de una buena biblioteca y una parte del laboratorio de Tecnología de Alimentos.
La Universidad estaba en movimiento.

SEXO, MASTURBACIÓN Y HOMOSEXUALIDAD

Para 1967, y dadas las privilegiadas características geográficas de Querétaro, el rector Hugo Gutiérrez Vega decidió fundar la Escuela de Psicología, tendiendo como primer director al doctor Héctor Curi Cano. Una escuela abierta a todas las corrientes del pensamiento psicológico, cumpliendo a cabalidad el ideal que debe tener toda universidad pública: laica, pública y gratuita. 

Explica Gutiérrez Vega: “Había sobradas razones para hacerlo. Para ese año, sólo existían en la República Mexicana dos escuelas de Psicología: la de la UNAM, en el Distrito Federal, y la de la Universidad de Jalapa, en Veracruz. Y, como era lógico suponer, a los 15 días de fundada, llegaron estudiantes de diferentes puntos que querían ingresar, por lo que creció rápidamente su matrícula.

Para aquella sociedad de finales de los sesenta, una de las más grandes preocupaciones era el sexo. Y la manera en la que se abordaba el tema en la universidad ‘roja’ de Hugo Gutiérrez Vega se volvió en el blanco de ataque de uno de los periódicos conservadores de ese tiempo, “Tribuna”, bajo la dirección de Chucho de la Isla y con el apoyo irrestricto de la Asociación de Padres de Familia y organizaciones de extrema derecha como el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), a la sazón, los grandes enemigos del proyecto universitario de Gutiérrez Vega.

Buscando zanjar las diferencias, el director de la Escuela de Psicología planeó encuentros semanales con los padres de familia, en los cuales le hacían preguntas que él contestaba con toda claridad y transparencia.

Divertido, Hugo Gutiérrez Vega recordaba: “En una ocasión, una madre preocupadísima con el tema de la masturbación, preguntó al doctor Curi si estaba bien que su hijo se masturbara mucho. La respuesta del director fue en el sentido de que era una etapa normal de la sexualidad. ‘No se preocupe usted, todos nos hemos masturbado; es totalmente normal’, le dijo. Al siguiente número de ‘Tribuna’, apareció una noticia preciosa: ‘La UAQ recomienda ardientemente la masturbación’. Como si la masturbación necesitara recomendación… También me acuerdo de otra pregunta sobre la homosexualidad, a la que obviamente el director de Psicología contestó: ‘Es una conducta sexual tan legítima como la heterosexualidad’. Una respuesta de ese tipo en esa época provocó una reacción tremenda. De tal manera que ‘Tribuna’ publicó la siguiente cabeza: ‘La Universidad ‘maricona’ de Querétaro’. Así, textualmente”.

El trabajo de Hugo Gutiérrez Vega la frente de la UAQ, según sus propias palabras, fue ‘difícil y contracorriente’.

Había una reacción social bastante fuerte contra todos estos temas y la manera en que eran abordados por el ‘comunista’ Hugo Gutiérrez Vega.

Una reacción social que se desbordó, en noviembre de 1967, con motivo de la devolución del anexo del templo de Santiago -el famoso Patio Barroco- a la Universidad de Querétaro, por parte de una molesta Iglesia Católica que orquestó lo que para Gutiérrez Vega sería ‘la última gran cristiana del siglo XX’.

FIN DE LA PRIMERA PARTE

SEGUNDA PARTE: http://www.davidestrada.org/index.php/queretaro-inedito/18-queretaro-inedito/168-hugo-gutierrez-vega-2

NOTA DEL AUTOR:
Las citas contenidas en este artículo, forman parte de una larga conversación que el autor sostuvo con el maestro Hugo Gutiérrez Vega y que fue transmitida en el programa “Conversaciones con David Estrada”.