VENUSTIANO CARRANZA INÉDITO

Por David Estrada

El Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza Garza (1859-1920), dio a Querétaro un lugar de predilección, no solo para estudiar y analizar en su ciudad capital la Constitución Política de 1917 sino, según varios de sus más cercanos colaboradores y amigos, porque en una apartada y escondida población encontró el amor de una bella joven, en una época en la que se encontraba distanciado de su esposa enferma.

El varón de Cuatro Ciénegas se había casado en 1882, a los 23 años, con la señorita Virginia Salinas y Balmaceda, una mujer de 21 años, poco agraciada físicamente, que tenía como mayor cualidad ser hija de unos poderosos terratenientes coahuilenses en una época en la que el joven ganadero ambicionaba convertirse en diputado y gobernador de su estado natal. Con aquella mujer a la que gustaba jugar canasta y tejer a gancho, Carranza procreó a sus dos únicas hijas mujeres, Virginia y Julia.

Para no pocos era conocida la proclividad de este hombre que representaba más edad de la que en realidad tenía, a cortejar a cuanta hermosa dama se cruzaba por su camino, llegando a tener, según decían las ‘malas lenguas’, a más de una amante a la vez: una en Celaya, otra en Querétaro y una más en el Distrito Federal.

QUERÉTARO, CAPITAL DE LA REPÚBLICA

Según estipulaba un decreto publicado el 2 de febrero de 1916 en el periódico La Sombra de Arteaga, Querétaro había sido escogida para ser declarada Capital Provisional de la República, teniendo a la vez asiento la primera jefatura del Ejército Constitucionalista y el Ejecutivo de la Unión, ambas representadas en la persona de don Venustiano Carranza Garza, así como sede de las diferentes secretarías de Estado.

Este decreto, firmado por el propio Carranza, en su segundo artículo deba a la capital queretana ‘las mismas facultades que el Distrito Federal tiene en su organización política’.

Por tanto, se dispuso que las oficinas del Poder Ejecutivo se albergarían en el edificio de la calle 5 de mayo esquina con la Catedral (actual Archivo Histórico del estado, en Madero 70, esquina Ocampo), lugar donde tendrían sus despachos don Venustiano Carranza y Gerzayn Ugarte, su secretario particular.

Diversas casonas como la de La Marquesa, frente al templo de San José de Gracia, y la de la familia de don Cayetano Rubio, en la entonces calle de 5 de mayo, fueron escogidas también para dar asiento a otras oficinas gubernamentales como las secretarías de Hacienda y Relaciones Exteriores, entre otras.

LA BODA DE VIRGINIA CARRANZA

Concluido el Congreso Constituyente en febrero de 1917, Carranza reestableció los Poderes de la Unión en la capital del país.

El primero de mayo de ese mismo año, el Primer Jefe asistió al Congreso de la Unión para rendir protesta como presidente de la República, bajo los lineamientos de la naciente Carta Magna.
Pero el hecho de ocupar el máximo cargo político del país no impidió a don Venustiano de realizar varias visitas a Querétaro, para tratar asuntos de carácter estrictamente personal.

Cumpliendo con sus deberes de padre, el 20 de agosto de 1917, en la iglesia de La Congregación, Carranza entregó a su hija Virginia Carranza Salinas al entonces secretario de Relaciones Exteriores, Cándido Aguilar, en una ceremonia que fue mal vista por realizarse apenas unos meses después de promulgada una Constitución, que había propuesto el estado laico para la República.

Los padrinos de la hija del presidente fueron Silvestre Águila y Julia Carranza Salinas, por parte de la novia, y don Manuel Amaya y doña Concepción G. de Amaya, por parte del novio.

El abogado y filósofo queretano, Antonio Pérez Alcocer, recordaba así aquél memorable acontecimiento: “Yo asistí a presenciar la boda de la hija de don Venustiano. El centro de Querétaro lucía precioso y la iglesia resplandecía hasta la calle, lugar desde el cual varios estudiantes del Colegio Civil nos habíamos congregado para asistir, aunque sea de lejos, a tan importante acto. Al final, un largo cortejo de vehículos, al frente del cual iban los novios, recorrió las principales calles de la ciudad”.

LA MUERTE DE DOÑA VIRGINIA SALINAS

Doña Virginia Salinas era una mujer de aspecto osco y muy pocas palabras. Nunca se acostumbró a la agitada vida de su marido. Por ello, casi en todas las ocasiones prefería llegar de avanzada a bordo del Tren Olivo, a tener que compartir las desventuras de un viaje a caballo o rodeada de una multitud.

Así, durante las primeras estancias del jefe constitucionalista a Querétaro, doña Virginia y sus hijas siempre llegaron antes, cobijadas por el anonimato, con el pretexto de ‘ambientarse’ a la nueva ciudad en la que tendrían que radicar de manera temporal.

Aún cuando en el pasado algunas mujeres como Margarita Maza de Juárez, Carmelita Romero Rubio o hasta Sara Pérez de Madero gozaron de un papel protagónico como Primeras Damas, con la llegada de la ‘agria’ de doña Virginia, el papel de ‘esposa del presidente’ adquirió un carácter de más reservado y discreto.

Sin embargo, para el pueblo no era un secreto que esta decisión en realidad se debía al distanciamiento que desde hacía muchos años atrás se había dado entre la pareja presidencial.

Para los más cercanos los Carranza, era un secreto a voces las verdaderas razones por las cuales el presidente se había convertido en un férreo defensor de la figura del ‘divorcio’, el cual se hubiera producido en su matrimonio de no haber sido porque la muerte la sorprendió a su esposa de manera repentina.

El 10 de noviembre de 1919, una afección cardiaca terminó con la vida de la Primera Dama.

En el acta número 1352 del Registro Civil de Querétaro, quedó asentado de la siguiente manera el inesperado deceso: “Hoy, 10 de noviembre de 1919, ante mí, el ciudadano juez que suscribe, el señor Don José Manuel Villa, de 51 años, Secretario General del Gobierno del Estado, originario de Veracruz y vecino de esta ciudad, en la casa número 55 de la calle de revolución, casado, dijo: que en la casa número 74 de la calle de Juárez, siendo las tres y veinte minutos de la tarde, falleció, víctima de una lesión orgánica del corazón, la señora Virginia Salinas y Balmaceda, no aborigen, de 58 años, originaria de Cuatro Ciénegas, Coahuila, con residencia en la ciudad de México y accidentalmente en Querétaro, casada con el señor Don Venustiano Carranza Garza, Presidente Constitucional de la República, de 60 años, del mismo origen y vecindad y accidentalmente en Querétaro, hija de los finados José Salinas Arreola y Catalina Balmaceda”.

En comprobación a su testimonio, el señora José Manuel Villa presentó por testigo a don Luis G. Balvanera, Oficial Mayor de al Secretaría General de Gobierno.

La inhumación de doña Virginia se realizó de manera muy sencilla y discreta en el Panteón número 1 de al Cruz. Acompañaron al presidente sus familiares más cercanos, el gobernador de Querétaro, Salvador Argain (1919/20) y algunos miembros de su gabinete.

La prensa local escuetamente informó de la noticia: “Después de una prolongada enfermedad, falleció al esposa del primer mandatario, estando presentes todos los familiares de la distinguida dama en tan lamentable desenlace. Fue sepultada la día siguie7nte en el panteón de la Cruz, junto a la fosa de la corregidora Domínguez”.

La razón de tanto sigilo: la pareja se encontraba separada desde varios meses atrás y Carranza ya vivía abiertamente su romance con una mujer capitalina de nombre Ernestina Hernández.

ERNESTINA HERNÁNDEZ, LA VIUDA NO OFICIAL

Sin ejercer como Primera Dama, Ernestina Hernández fue la mujer con la que don Venustiano Carranza pasó los últimos años de su vida y le dio el gusto de convertirlo en padre de cuatro hijos varones: Jesús, Emilio, Venustiano y Rafael.

Carranza fue asesinado en el poblado de Tlaxcalantongo, Puebla, el 21 de mayo de 1920. Fue sepultado tres días después en el Panteón de Dolores de la ciudad de México, en una tumba de tercera clase, donde se entierra a la gente pobre, conforme a los deseos expresados a sus hijas Virginia y Julia.

Doña Ernestina, como la viuda ‘no oficial’, vivió en silencio la tragedia de la viudez temprana e incluso la muerte de dos de sus hijos, en una lujosa casona en las Lomas de Chapultepec, donde murió a los 107 años en 1964.

Los cuatro hijos varones de Carranza, aún cuando si tuvieron descendencia y se encuentran reconocidos por el propio Carranza en sus actas de nacimiento, forman parte de la historia de la vida oculta de los presidentes de México.

La familia ‘oficial’ de Carranza, la de Virginia Salinas, perdió el apellido al no contar con descendencia. Virginia Carranza y Cándido Aguilar no tuvieron hijos y Julia, la menor, jamás se casó.

Y de la bella amante queretana poco se volvió a saber, a raíz que don Venustiano decidió unirse con Ernestina Hernández. ¿Quién fue?, ¿cómo se llamaba?, ¿qué tenía de especial para captar la atención del Varón de Cuatro Ciénegas? Estas son preguntas que muy seguramente se quedarán sin responder…